
Todos dejamos pistas de nuestro paso incluso los animales y debemos saber distinguirlas para conocer un poco más sobre los moradores del entorno. Tengo la costumbre de llevarme ciertos restos a casa, ya sea a través de fotografías (como en los excrementos) o bien directamente huesos y egagrópilas para una clara identificación guías en mano.
Una de las habilidades de las rapaces (y otras aves) es comer sus presas enteras o a trozos bastante grandes con lo cual es normal que se lleven al estómago pelos o plumas, carne y huesos. Sus fabulosos jugos gástricos y su estómago hacen el resto. Una vez digeridos los restos no aprovechables, normalmente huesos, pelos y plumas materiales indigerible para la mayoría de los animales, su estómago forma una bola con dichos restos, recubriéndolos con los pelos o plumas y segregando una mucosa que la envuelve, para expulsarlo por el esófago regurgitándolos, normalmente en sus posaderos habituales, ya que tardan hasta 12 horas tras haberse comido a su presa.
Mucha gente los confunde con excrementos, lejos de ser así, las egagrópilas no suelen emitir ningún olor después de secarse. Aunque no es del agrado de muchos, con las egagrópilas se pueden estudiar la dieta de dichas aves y obtener valiosa información para protegerlas mejor.


Estos son los restos que encontré con Manuel (Gwaihir) tras la prospección de una zona boscosa de Pinus halepensis alternado con cultivos de secano y matorral termófilo como aliagas, romeros y tomillo. De aquella jornada salieron 4 nidos de rapaces y uno de córvido que esperamos poder seguir su evolución la próxima primavera. En esta ocasión se trataba de un nido de ratonero donde encontramos desde restos de conejos hasta este cráneo de un pequeño perro que seguramente conseguiría pora su actividad carroñera en los bordes de la carretera.

Estos restos fueron conseguidos en Monegrillo donde encontré un posadero habitual de buitres y águilas reales, ya que la zona es rica en conejos, perdices y ganado. Podemos ver el considerable tamaño que tienen las egagrópilas de águila real alcanzando a veces más de 11 cm de longitud y 5-6 cm de grosor. Se puede llegar a distinguir los bigotes del conejo.

Por último una foto tomada esta semana de la huella de una ganga (Pterocles sp.) en una pequeña charca de Monegrillo.

Comentar que, además de poder conocer la dieta de las rapaces, con los restos encontrados en las egagropilas también se hacen estudios de sobre distribución de micromamíferos.
Un saludo.
Echaba de menos tus aportes Woodpecker…
un saludico
Al igual que tú, siempre me llevo losrestos de egagróplias que encuentro para su identificación. Es tan apasionante como la observación de las aves!!!
muy interesante el dato que ofrece Woodpecker sobre la distribución de micromamíferos!
En las oposiciones a Guarda forestal (en Navarra por lo menos) te obligan a recoger y estudiar estos desechos.
Una entrada ilustrativa e interesante.
Salu2
Jajajajaja… Veo que todos tenemos o teníamos la misma afición. Yo andaba así hasta que mi madre me dijo que mientras estuviera en su casa no acumulaba más caquitas
Ahora estoy en la mí y… bueno, se me paso eso de recoger todo lo que veía por el monte… o casi.
En cuanto a los estudios que comentaba, la historia es que a través de las egagropilas de una lechuza, por ejemplo, se pueden obtener muestras de un territorio muy amplio (micromamiferamente hablando), de manera que se obtiene mucha información con poco esfuerzo: solo hay que ir a recoger los vómitos y ver que tienen. Es muy útil para estudios de distribución y atlas, por ejemplo. No se si ya lo linké en su día, pero os dejo un trabajito local (en español) donde podréis ver como se trabaja con este tipo de información:
http://www.secem.es/GALEMYS/PDF%20de%20Galemys/13(2).pdf/05.%20Torre%20(55-65)%20.pdf
Saludos
Interesante el aporte que haces Woodpecker. Gracias por compartir!
Salu2