Quizás una de las aves más difíciles de observar al poseer uno de los plumajes más crípticos de toda la avifauna española. Este limícola es bastante diferente al resto de sus congéneres pues no esta ligada a zonas con agua y limos, sino más bien a lo contrario, a zonas áridas. Además la mayor parte de su actividad la realiza durante el amanecer o el atardecer, siendo habitual oir su agudo sonido en plena noche, de ahí esos ojos exageradamente grandes y amarillos que recuerdan a los de un búho.
Habitual en campos de cultivo de secano, barbechos y campos de almendros podemos encontrarnos a los alcaravanes pasar las horas de más calor al cobijo de alguna retama o almendro donde permanecerá agazapado y confiando en un plumaje que lo hace prácticamente invisible. Pero si se siente observado comenzará una táctica que consistirá en apretarse lo máximo al suelo y si eso no funciona comenzará a moverse de manera lenta, con cortos pasos y paradas constantes volviendo loco al observador que puede perderlo de vista en cuestión de segundos y para cuando lo vuelve a ver el alcaraván está ya a una distancia considerable. De caracter gregario, sobre todo en sus pasos migratorios es asiduo a las escasa charcas de los Monegros. Del alcaraván tengo el grato recuerdo de esas imágenes de Félix Rodríguez de la Fuente en la estepa manchega donde el macho llama la atención del halcón peregrino, haciéndose el herido, para captar la atención del depredador y así salvar a la hembra que esta incubando los huevos.

