Archives for Villanueva de Sijena Brookei Blog (15)

Alcaraván (Burhinus oedicnemus) Stone curlew

Quizás una de las aves más difíciles de observar al poseer uno de los plumajes más crípticos de toda la avifauna española. Este limícola es bastante diferente al resto de sus congéneres pues no esta ligada a zonas con agua y limos, sino más bien a lo contrario, a zonas áridas. Además la mayor parte de su actividad la realiza durante el amanecer o el atardecer, siendo habitual oir su agudo sonido en plena noche, de ahí esos ojos exageradamente grandes y amarillos que recuerdan a los de un búho.

Habitual en campos de cultivo de secano, barbechos y campos de almendros podemos encontrarnos a los alcaravanes pasar las horas de más calor al cobijo de alguna retama o almendro donde permanecerá agazapado y confiando en un plumaje que lo hace prácticamente invisible. Pero si se siente observado comenzará una táctica que consistirá en apretarse lo máximo al suelo y si eso no funciona comenzará a moverse de manera lenta, con cortos pasos y paradas constantes volviendo loco al observador que puede perderlo de vista en cuestión de segundos y para cuando lo vuelve a ver el alcaraván está ya a una distancia considerable. De caracter gregario, sobre todo en sus pasos migratorios es asiduo a las escasa charcas de los Monegros. Del alcaraván tengo el grato recuerdo de esas imágenes de Félix Rodríguez de la Fuente en la estepa manchega donde el macho llama la atención del halcón peregrino, haciéndose el herido, para captar la atención del depredador y así salvar a la hembra que esta incubando los huevos.

Ophrys speculum

Categories: Flora, Fotografía, Monegros
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Published on: 25 abril, 2012

Restos por identificar

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Published on: 20 abril, 2012

Para principios de marzo recogí este ala de un ave que todavía no he podido identificar. El hábitat donde me encontré los restos es un soto abierto en los Monegros en una zona con ruinas de una casa, un ambiente rodeado de chopos, álamos y pastos abiertos muy cerca del río.

Podemos observar que al menos el ala extendida debe tener unos 15-20 cm con lo cual podríamos deducir que el ave tiene unos 50 cm de envergadura. El peso del ala es de 1,6 gramos. ¿Alguna idea?

Los riesgos de las cigüeñas monegrinas

Hace poco leí que nuestra interacción con el resto de los seres vivos no es más que otra dificultad añadida para nuestros compañeros de batalla en este insignificante pero apasionante rincón del Universo. Así pues las especies que peor se adapten a nuestra compañía no seguirán en el vaivén imparable que supone la evolución, que no es más que una continuación de cambios. Lejos de excusarme ante la infinidad de barbaries y poco respeto hacia la vida en este planeta no deja de ser una gran verdad.

Dicho esto, algunas especies de aves sufren unos riesgos añadidos a sus adaptaciones ante nuestra presencia y las cigüeñas son un claro ejemplo de ello. Este ave siempre ha estado muy ligada al ser humano, tanto es así que es una de las aves más representativas en nuestra cultura al ser la imagen de la llegada de los bebes recién nacidos. Su facilidad para convivir con nosotros en nuestras propias ciudades y pueblos, apostando sus nidos en iglesias, postes de la luz, árboles; su interacción directa con la agricultura como gran consumidora de roedores y otros animales que salen al paso del tractor; el aprovechamiento de recursos alimentícios en nuestros vertederos… ha hecho que las cigüeñas se hayan recuperado en las últimas décadas. (more…)

Invernada de treparriscos en Monegros

Durante gran parte del invierno he podido observar al treparriscos (Trichodoma muraria) en un rincón de Monegros. El treparriscos es un ave con una envergadura de unos 16 cm, parecida al gorrión, pero con las alas más anchas y redondeadas, cola corta e inconfundible con su largo pico que recuerda a un agateador de mayor tamaño. De vuelo mariposeante, como las abubillas, siempre esta ligado a cortados y paredes rocosas aunque también puede ser observado en paredes de casas de pueblos, presas… Propio de montaña y migrador parcial, realiza pequeños movimientos (aunque no por ello menos asombrosos) que los desplazan de sus zonas de cría en los Pirineos, en el caso de Aragón, hasta zonas bajas del valle incluso zonas de Teruel. Revisando el Rocín (Anuario Ornitológico de Aragón) he encontrado fechas de invernada hasta la primera de semana de abril para Monegros, como ocurre en este caso, que ya estamos a finales de marzo

A lo largo de las semanas su presencia ha sido contínua viéndolo en diversas ocasiones con la primera observación el 23 de enero hasta la semana pasada cuando pude observar dos ejemplares. El tiempo anterior desconozco si eran dos individuos diferentes o un único sólo. En este caso pude ver a las dos aves a la vez y fotografiarlas con su posterior identificación por poseer plumajes diferentes. Durante el invierno el plumaje más vistoso del macho del treparriscos se “apaga” como le ocurre a muchas otras especies, teniendo para estas fechas la típica tonalidad grisácea de su manto y la garganta blanca, cosa que también le pasa a la hembra haciendo muy difícil sexarlos con tan sólo verlos con dicho plumaje. Sin embargo el plumaje nupcial destaca por la garganta y pecho negros de los machos, así como las zonas rojas de sus alas más patentes. Por otro lado, la hembra más discreta suele tener el mentón, garganta y parte superior del pecho blancuzcos, si acaso algunos ejemplares con una macha negra rodeada de blanco-gris.

En las fotos iniciales, las de enero, se puede observar a un ejemplar con toda la garganta blanca. Sin embargo en esta ocasión podemos ver a estos dos ejemplares, uno claramente un macho con el plumaje nupcial y el otro con el que no me atrevo a concretar su sexo. Posee una mancha pequeña negra como ocurre con algunas hembras aunque no estoy seguro ya que tienen una muda prenupcial, entre febrero y abril, cambiando plumas corporales para adquirir el plumaje nupcial y puede que vaya más retrasado.

Sea como fuere, poder observar esta especie es un placer. Aparte de ser un ave preciosa y propia de zonas montañosas, hacen más que agradables sus observaciones en zonas más sureñas, donde “los del Valle” no los solemos tener tan a mano. De comportamiento inquieto, muestra una gran habilidad que bien hace gala a su nombre, al colocarse en las más diversas posturas para acceder a su alimento que se basa en pequeños invertebrados y arañas. Esperemos volver a verlos el invierno que viene.

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